Se dice en física o electricidad que dos polos opuestos se atraen, y dos elementos del mismo polo se rechazan. Simplemente unimos dos cables de la misma polaridad y…se hace un corto circuito. Desgraciadamente parece no ser así en el género humano donde dos seres con el mismo polo se atraen. Y hasta tienen ya el permiso legal para “fundirse” en matrimonio.
Me refiero a los homosexuales y lesbianas, cosa aberrante de la naturaleza donde quizá se equivocó o se confundió y puso los elementos masculinos en un estuche femenino, o viceversa. Un total desequilibrio de lo natural, divino, o que se yo. La cuestión es que en el universo existen dos polos opuestos, dos energías contrarias para un equilibrio, como se interpreta en
en la dualidad del Ying y el Yang, como el día y la noche, el frío y el calor, lo bueno y lo malo, lo fuerte y lo débil, estos elementos forman un equilibrio y dan armonía a la vida. Así mismo, lo masculino y lo femenino son dos energías tan maravillosas que unidas conforman un todo. Sí amigos; una de las dualidades más hermosas y generadoras de vida que existen y que se complementan, es sin duda la de hombre y mujer. Ambos son imprescindibles uno del otro y son bases importantes en la perpetuación de la especie y creación de esa célula social llamada familia. Y de acuerdo a la educación, costumbres y moralidad de ese seno familiar, se reflejará en el desarrollo de los pueblos del mundo.
Lo masculino y femenino como hombre y mujer son sin duda dos fuerzas biológicas y bioenergéticas opuestas, que cuando se unen, se revitalizan y renuevan su energía. El hombre y la mujer siempre y de alguna manera serán dos cosas opuestas pero no mejores una que otra, simple y sencillamente serán el complemento tanto de uno como del otro y que forman esa bella y natural dualidad y que Hermosamente lo describe el poeta Víctor Hugo de esta manera:
El hombre es la más elevada de las criaturas,
La mujer es el más sublime de los ideales.
El hombre es el cerebro, la mujer es el corazón;
El cerebro fabrica la luz, el corazón el amor,
La luz fecunda, el amor...resucita.
El hombre es fuerte por la razón,
La mujer es invencible por las lágrimas;
La razón convence, las lágrimas conmueven.
El hombre es capaz de todos los heroísmos,
La mujer de todos los martirios;
El heroísmo ennoblece, el martirio sublima.
El hombre es un código, la mujer es el evangelio;
El código corrige, el evangelio perfecciona.
El hombre es un templo, la mujer es el sagrario;
Ante el templo nos descubrimos, ante el sagrario nos arrodillamos.
El hombre piensa, la mujer sueña;
Pensar es tener en el cráneo una larva, soñar es tener en la frente una aureola.
El hombre es un océano, la mujer es el lago;
El océano tiene la perla que adorna, el lago la poesía que deslumbra.
El hombre es el águila que vuela, la mujer es el ruiseñor que canta; volar es dominar el espacio, cantar es conquistar el alma.
En fin, el hombre está colocado donde termina la tierra, la mujer donde comienza el cielo.
El hombre y la mujer siempre serán un complemento, una dualidad, una dicha. Y como hombre o como mujer es maravilloso poder contar con su polo opuesto, y en ese equilibrio, recorrer juntos el ancho, espacioso y a la vez, breve sendero de la existencia, respetándose, entendiéndose y de forma responsable darle vida y buenas bases a esa célula llamada familia, pilar de toda sociedad y uniendo nuestra dualidad en una sola, formemos parte con el todo.
Hasta la próxima y recuerden: “PARA EL HOMBRE, LA MUJER ES UNA FLOR HERMOZA QUE BRILLA EN EL JARDÌN DE LA VIDA; EL AROMA DE ESA FLOR ES LA VIRTUD”
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