Francisco Millán Velasco
Hoy día a pesar del enorme incremento en los recursos financieros, económicos, humanos y de todo tipo en el Sector Salud, vemos que seguimos avanzando pero con múltiples problemas en lo que se refiere a los programas de salud en Salud Publica. Afortunadamente en la mayoría de comunidades hay tranquilidad y participación y eso debería facilitar la confianza y el trabajo de muchas brigadas y personal de campo hacia los programas del gobierno. Por eso resulta delicado el grave error hace solo unos días del Hospital de Especialidades de Pediatría de Tuxtla Gutiérrez de confundir dentro de un féretro, el cadáver que supuestamente entregaron a sus familiares, de un niño difunto recién nacido que no iba en el cajón, en su lugar había un miembro inferior mutilado de mujer, sucedió según noticias de radio allá en gente humilde del municipio de Amatenango, y resulta hasta poca la multa impuesta a varios doctores involucrados por la gente molesta.
Recuperar la confianza de la gente es muy importante. Durante varias décadas atrás, en los 60s, 70s, y 80s, la confianza de las comunidades permitió abatir y controlar una grave enfermedad de la que en su tiempo se habló mucho: “La Oncocercosis” o “mal morado” causante de la transmisión de
Grandes esfuerzos del personal, que recorría comunidades y caseríos ubicados entre 1,500 y 1,800 mts. sobre el nivel del mar, a caballo o a pie, al principio durante largos 65 días de trabajo continuo por 25 de descanso visitando las comunidades de alta endemia, se despedían de sus familiares y les veían poco ese tiempo que duraba el recorrido, después se bajo a 20 días de trabajo corrido por 10 de descanso, que era mas humano. Pero en esa época había mística de servicio, esfuerzo tenaz, convencidos de su importante labor. Al llegar las brigadas a las comunidades que en su mayoría eran asalariados en fincas productoras de café y reunir a la gente, aparecían algunos ciegos con aquellas caras hinchadas conocidas como de “facies leonina”, difíciles de olvidar también, por las grandes y deformes orejas, orejones de piel gruesa.
Desde allá por los años de 1930 en que se observó esta enfermedad en el municipio de Jaltenango y durante muchos años, se habló en San Cristobal de Las Casas de la Oncocercosis… de las filarias y microfilarias, de la Prueba de Mazzotti que consistía en tomar el medicamento diagnostico de prueba y esperar la terrible reacción secundaria donde se evidenciaba quien si y quien no estaba enfermo, y de ahí el tratamiento con desnodulización y la administración de dietilcarbamazina, el Hetrazán a los oncocercosos, que por aquellos días era lo único que existía para su control. Las brigadas convivían con la gente que les abría sus puertas, ¡ya vienen los “boleros” les llamaban, por aquello de que abrían bolas y extraían los gusanos de la piel, y todos se dejaban revisar y cooperaban. Jamás rociaron contra el mosco adulto, ni usaron DDT a diferencia de los “mata gato o gallina” como le llamaban a los de la Lucha contra el Paludismo. Contra el vector la pequeña mosca llamada “Simulium onchraceum” la mas frecuente, recorrían toda la comunidad y sus alrededores buscando arroyuelos de menos de 5 lts por seg. de agua y levantando planos hidrológicos donde llevaban actividades de control de las larvas de esta mosca, así había cientos de planos de afluentes y confluentes de agua que se tenían por municipio.
Muy interesante y muy compleja la enfermedad, tardó mas de 40 años en controlarse, pero ahora podemos decir que entrando al Siglo XXI esta se mantiene a raya, que se acabó en el foco norte y casi en el foco sur, y que no solo fue la acción aplicada contra las causas conocidas de
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