
María del Carmen Franco García
Cada acontecimiento que ocurre en esta zona altos de nuestro Estado, generalmente viene cargado de una buena dosis de conflicto. Tal parece que estamos inmersos en el conflicto como si fuera parte de nuestra naturaleza.
Se advierte que se terminaron los tiempos de tranquilidad, es ahora cuando nos percatamos de la importancia de vivir en una sociedad en armonía. La multiculturalidad distingue a nuestra comunidad y parece que no sabemos cómo adaptarnos a ella y menos aún cómo convertirla en una ventaja para todos. Por el contrario, estamos concentrados en resaltar nuestras diferencias para dividirnos y estamos dejándonos llevar por el resentimiento y el odio.
Tenemos que reflexionar seriamente al respecto ya que esta actitud es altamente destructiva y nos impide convivir en armonía. No olvidemos que una sociedad dividida es una sociedad frágil y manipulable. Se dice que los Sancristobalenses somos complicados y que no nos damos a la participación social, aunque existen diversas organizaciones en su mayoría pequeñas y antagónicas entre sí. En la última década se han organizado grupos de las más diversas ideologías y con los más diversos propósitos. Es importante el crecimiento demográfico de San Cristóbal que es generado desde los asentamientos de gente proveniente de las comunidades circundantes hasta el establecimiento de personas que vienen de distintas partes del país pero principalmente del extranjero.
Esto -como señalo en renglones anteriores- podría convertirse en una condición favorable muy importante para nuestro desarrollo como municipio, pero estamos ubicados en un plano muy personal. Inclusive, dentro de los mismos grupos existen fuertes diferencias mal encauzadas que generan conflictos; parece que nadie quiere abonar a la armonía, que toda diferencia se maneja con descalificaciones, enfrentamientos, provocaciones, etc. y eso es preocupante. Quien dude lo que señalo, que se entere de lo que sucede cotidianamente dentro de una comunidad escolar, religiosa, política, social, etc. o entre grupos. Los conflictos están a la orden del día y escasean las personas con vocación conciliadora. En este mismo sistema municipal se generan las polarizaciones sociales para justificar acciones de poder con determinada tendencia.
Educación, dicen, es la solución. Pero poco estamos haciendo para promover desde las aulas escolares la convivencia armónica. Dentro del núcleo familiar tampoco se promueve, más bien se dan pésimos ejemplos de intolerancia y de agresividad. Estamos instalados en el egoísmo y en el odio; eso nos impide crecer. No quiero generalizar ni exagerar, pero es necesario poner atención en lo que estamos heredando como sociedad a nuestros hijos.
Pensemos de manera personal si estamos teniendo una actitud conciliadora o más bien agresiva. Reflexionemos acerca de si estamos ubicándonos como parte de una comunidad o más bien como individuos. Desde ahí podemos partir hacia la construcción de una sociedad más sana. No debemos generar la cultura del conflicto, a nadie nos beneficia, a nadie nos conviene, es autodestruirnos. Solamente puede convenir a quienes quieren manipularnos. Ejercitemos nuestra creatividad, busquemos a los conflictos soluciones creativas, propongamos, seamos parte de las soluciones de tantos problemas que nos aquejan. No caigamos en las trampas de quienes solamente velan por sus propios intereses. Aprendamos a trabajar en equipo, aprendamos a convivir en familia, aprendamos a vivir en sociedad. Con toda seguridad esto nos va a hacer menos complicada la vida, nos va a hacer menos vulnerables y nos va a llevar al crecimiento. Vale la pena intentarlo.
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