domingo, 7 de febrero de 2010

La estación de las delicias

Daniel Rodolfo Román Montoya.

Dice un proverbio inglés que comer una manzana al día mantiene alejado al médico. Y las investigaciones científicas confirman cada año que una dieta rica en frutas y verduras es fundamental para mantener una buena salud. Estos productos aportan pocas calorías y grasas y, en cambio, proporcionan vitaminas, minerales, fibras y ciertas sustancias naturales llamadas fotoquímicas, que constituyen una eficaz protección contra el cáncer.

Además, las verduras son esenciales para el crecimiento, durante el embarazo y mejoran el rendimiento físico e intelectual. Las frutas nos a ayuda a depurar el organismo y nos aportan fructosa- un azúcar natural de fácil digestión- y vitamina C. como afirma Héctor Bourges en un artículo publicado en cuadernos de nutrición, “la forma más práctica de incluir vitaminas y nutrimentos inorgánicos en la dieta diaria es ingerir frutas y verduras”. Como indica este investigador, “en nuestro país, esta no es una tarea difícil, pues la gran variedad y disponibilidad de estos alimentos que se consiguen en cualquier época del año permiten incluirlos en nuestra dieta diaria”.

Actualmente, gracias a las importaciones, a los cultivos forzados de invernadero y a la observación en cámaras es posible disponer de frutas y verduras en cualquier época del año. Sin embargo, según los expertos en nutrición, lo mejor es comprarla según la oferta disponible en cada estación, ya sus propiedades varían dependiendo de factores como el grado de maduración -cuanto más maduras estén, tienen más vitaminas-.

Las verduras y las frutas empiezan a perder nutrientes en el momento de su cosecha, y la maduración artificial y el transporte disminuyen aun más su contenido de sustancias nutritivas. Otra elemento que deteriora su nivel vitamínico es la congelación, por lo que lo adecuado es comer fruta y verdura madurada al sol y que no haya pasado por ningún mecanismo de conservación.

Más sustancias tóxicas

Otro factor a considerar es el económico, ya que comprar productos de temporada suele ser más barato. El jitomate fuera de época, por ejemplo, alcanza un precio cuatro veces mayor al que se encuentra en estación normal; el mango llega a ser seis veces más caro en los meces en que menos se cultiva.

Por otro lado, las verduras y hortalizas cultivadas en invernadero contiene más sustancias tóxicas –plaguicidas y nitratos residuales de los abonos- que las de temporada, procedente de cultivos naturales o biológicos; aunque hay que tener en cuenta que los productos biológicos cultivados sin fertilizante son más caros que los naturales.

Sin embargo algunos casos los procesos químicos se han vuelto imprescindibles. Luis Cuauhtémoc Navarro, jefe de Departamento de Biotecnología del Centro de Investigación Científica de Yucatán, indica: “para contrarrestar el ataque de agentes patógenos de cualquier cultivo, es necesario utilizar compuestos químicos”. No obstante, el investigador afirma que, existen herramientas para mejorara la calidad de frutas y verduras sin necesitad de recurrir a sustancias artificiales. “Es en este punto en que la biotecnología se convierte en instrumentó para la agricultura mediante técnicas como loa “micro propagación” (clonación) y el mejoramiento genético de las plantas que cubren los requisitos de calidad, productividad eficiencia agronómica y estado sanitario, para ser multiplicadas en grandes cantidades”. Congelada, sólo a veces

En todo caso, no hay que olvidar que es mejor comer frutas y verduras congeladas a no comerlas. Y que las congeladas pueden ser una buena opción en algunas ocasiones.

Aunque las técnicas de cultivo forzado en invernadero y conservación de frutas y verduras se perfeccionan cada vez más, las épocas naturales de estos productos siguen siendo las mejores para sacar el máximo provecho de todas sus cualidades nutritivas y virtudes preventivas. Algunos estudios demuestran que las verduras, si se congelan justo después de ser cosechadas, mantienen niveles de vitaminas similares o superiores a los de las frescas de una vez transcurridos tres días desde su recolección. Esto es especialmente importante si se tiene en cuenta que más de la mitad de las amas de casa tarda dos o más días en cocinar verduras frescas tras haberlas adquirido, con lo cual la pérdida de proteínas es mucho mayor.

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